el Machine Building: un cadáver exquisito

Ando sentada en el techo en mi apartamento en Tribeca, en un día soleado a principios de octubre que parece mediados de agosto. No tengo evidencia para echarle la culpa de este suceso esporádico de calor playero al calentamiento global, pero pareciera. Tal vez en algunos años lo comprobarán empíricamente con exactitud. Por ahora me limito a disfrutar el instante, que ameritó ponerme un bikini y subir mi cuadernito.

El playlist de Martin, al que soy adicta porque es definitivamente lo mejor que tengo en mi Ipod -lejos- suena literalmente adentro de mi cabeza gracias a la fabulosa tecnología de mis audífonos nuevos. No escucho ni el más ínfimo murmullo de Manhattan, ni siquiera el residuo del acelere de las sirenas de bomberos. Logro concentrarme y me acompañan los edificios.

Uno de ellos, desafortunadamente no tiene ventanas. Es una mole de concreto reforrada de un material café con leche brillante -o por lo menos ese es el tono que le da el sol que baja desde el occidente de Manhattan a las 3:33 de la tarde. A los pocos días de llegar a NY, un amigo muy observador me hizo caer en cuenta de la exsistencia de semejante esperpento. Quien trabajará ahí adentro? Esto definitivamente si es Gotham… pensé.

Pues este amigo ya había hecho investigado al respecto, como buen periodista, y me contó que en ese edificio sólo había máquinas. Resultó ser un centro de operaciones de AT&T para esta zona… todo un rascacielos lleno de máquinas. Inverosímil.

La otra noche lo bautizamos como The Machine Building. Nos imaginamos en ese instante todo el edificio como una escultura pública, como una gran selva de colores y figuras para compensar a la ciudad por la falta de ventanas y el exceso de ondas electromagnéticas emitidas por segundo. Increible ver ese gran edificio cubierto por una estética orgánica tecnicolor, que sería visible a través de muchísimas ventanas de Tribeca, Battery Park, Soho, y hasta el barrio Chino por el oriente.

Una selva de color saldría por la única ventanita que hay en el edificio de enfrente (el que se puede ver desde nuestro techo y que juega bastante bien con el Machine Building por su carencia de ventanas) y subirían sutilmente como enredaderas hacia la gran mole, recubriéndole cada centímetro, con color y patrones simétricos y asimétricos, con figuras derretidas de naturalezas internas y paisajes microscópicos (al mejor estilo Venuz White).

Pinturas de Venuz White, edición mía, música de Booka-Shade (en préstamo para fines no comerciales)

Todo el proceso de embellecimiento del Machine Building podría hacerse como un experimento de participación y colaboración, invitando a muchos artistas a medírsele al reto de hacer un «cadáver exquisito» («exquisite cadaver» – que además podría ser un buen nombre para esta escultura pública… aunque no muy comercial a la hora de buscar sponsors). Para quienes no recuerden o nunca hayan jugado “cadaver esquisito”, se trata simplemente de coger un pedazo de papel y doblarlo como un acordeón de manera que nadie más lea lo que nadie más ha escrito. Al final se logra crear colectivamente algún poema o cuento que en muchos casos hasta hilo conductor tiene pero tampoco tiene sentido alguno. A veces me ha impactado el resultado de algunos experimentos de este tipo, uno de ellos terminó convirtiéndose en una canción que compusimos hace como 15 años con Dani Roa sobre una segunda vida…

Bueno, pues esto se podría aplicar al reto de pintar el edificio. Asignaríamos a cada artista una sección de la mole y lo contactaríamos con los artistas de las secciones vecinas , con quienes se podrían poner de acuerdo en algunas pautas o puntos para lograr fluidez entre las partes, para desdibujar las líneas o divisiones entre una sección y otra, independiente del contenido de cada una, a través de un buen nivel de concertación entre cada espacio.

Simplemente el hecho de hacerlo así, de manera participativa, en lugar de invitar a un “gran artista”, puede generar un gran espacio de interacción y de experimentación que sería parte esencial del significado de la obra – colaboración, negociación, desdibujar los límites y las fronteras sin perder la diversidad de lo que contiene cada propuesta artística. Y todo esto podría ser documentado.

Bueno, finalmente puede que esta idea sea loca, pero nos hemos divertido. Tal vez la escribamos más técnicamente y la presentemos a un organismo como Creative Time, o al mismo AT&T en una suculenta propuesta para mejorar su imagen a partir de la responsabilidad social corporativa… o simplemente leeremos esto en unos años y recordaremos unos buenos días en NY. Por ahora la escribo para que no se nos olvide y la comparto para que sea más fácil hacerla realidad. 😉

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2 responses to this post.

  1. Cami te tengo una recomendación para un nuevo playlist, me tope hace un par de semanas con el netLabel aleman http://www.tropic-netlabel.de, tiene varios artistas de suramerica y más de 40 releases para descargar.
    🙂

    lo que más me gusta de la idea es la posibilidad de crear espacios donde se de el dialogo y la creación colectiva, de lujo.

    Que bien como estas experimentando con el video, estas utilizando iMovie?

    Reply

  2. Mira videos de festas, grabado con el computador: http://youtube.com/watch?v=HpIvFsvfcBk

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